El fantasma


La raya de luz que entraba por la puerta entreabierta le enfocó a los ojos y la despertó.
– ¿Puedo dormir contigo, mami? -preguntó la niña.
– ¿Qué pasa ahora?
– He visto un fantasma.
– Los fantasmas no existen, cariño -dijo la madre. Seguidamente, se destapó y con un gesto de la cabeza invitó a la niña a que se echara a su lado. La niña saltó a la cama y se abrazó a su madre.
– Cuéntame, ¿cómo era el fantasma?
– Iba de negro y sólo se le veían los ojos.
– ¡Qué fantasma tan raro! Nunca había oído nada de fantasmas que van de negro. -rió la madre.
– La ropa se le ajustaba al cuerpo.
– ¿Y estaba gordo o delgado? -dijo la madre mientras intentaba conciliar el sueño.
– Delgado. Los pantalones los tenía muy ajustados y llevaba zapatillas de deporte.
– Qué moderno.
La madre abrió un ojo y después el otro. Se sobresaltó y agarró a la niña por los hombros.
– ¿Te ha dicho algo? ¿Llevaba algo más? ¿Te ha tocado?
– Sólo me ha hecho un gesto para que me callara. Pero no te preocupes, mamá. Los fantasmas no existen. Tú misma lo has dicho y yo te creo.


*Este relato está incluido en el ebook Cuentos para leer a remojo que puedes descargarte gratis.
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