Una mañana en el baño


Aquella mañana, Paco se había despertado solo, como lo llevaba haciendo desde hace una semana. Carmen, su mujer, se había levantado a las 8 de la mañana para ir a trabajar. No pudieron hacer coincidir sus vacaciones y Paco, solo en casa, se aburría mucho.

Eran casi las diez de la mañana y Paco se quedó remoloneando en la cama unos minutos.
Se preparó un café y encendió la tele para comprobar que la programación iba dirigida a la población infantil, y en aquella casa se reducía a cero (por mucho que Carmen le hubiera dicho en más de una ocasión que se comportaba como un crío).

Tenía toda una mañana por delante y decidió dedicarla a su aseo personal, profundo y concienzudo. Se dirigió al baño y comenzó a llenar la bañera. Metió una bomba de baño azul en forma de pelota para hacer espuma. Se introdujo cuando la bola no se había disuelto completamente y notó cómo las burbujas se le metían en ciertas partes del cuerpo. “¿Se supone que esto tiene que ser relajante”?, se preguntó.

Tuvo que aclarase concienzudamente pues la piel se le había teñido ligeramente de azul.
Una vez frente al espejo empezó a afeitarse con la maquinilla eléctrica. Se engominó el pelo y lo moldeó con diferentes peinados: una cresta, raya en medio, a un lado, hacia atrás… Su mirada se posó en el lado del armario de su mujer. Infinidad de productos de belleza de todas las formas y colores atrajeron su atención. Se echó su desodorante. Olíafrancamente bien. Un poco de crema para el contorno de los ojos, otra para la flacidez de la papada, otra para las arrugas de expresión. Probó a echarse un poco de anticelulíticopor las piernas con tanto pelo absorbía muy mal. Había que poner solución a ello. Cogió una caja alargada. “Crema depilatoria”, leyó. Siguió las instrucciones y al poco tiempo pudo echarse el anticelulítico. Se sentía ligero y muy perfumado. Entonces cogió una caja de tampones. Su imaginación echó a volar.

Carmen llegó a casa para comer. Paco había hecho la comida y estaba poniendo la mesa. Cuando se fijó en él se le vio extraño. “Estás muy guapo”, le dijo dubitativa. Le notaba algo raro pero no sabía qué. ¿Podrían ser los orificios de su nariz más anchos?

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