Julio Verne. Siglo XXI


Alisa encendió el libro y la historia comenzó por donde la había dejado. Un grupo de personas de las comarcas salvajes de La India portaban a una mujer hacia una pira donde sería quemada viva junto a su difunto marido. A Phileas Fogg le sobraban doce horas y se había propuesto salvarla.
Las microondas que salían del aparato vibraban y coloreaban la habitación llenándola de personajes, paisajes y diálogos. Los actores se movían de un lado a otro recitando sus líneas. Si ampliabas lo suficiente el holograma, podías ver las gotas de sudor que caían por su frente o un leve titubeo en su voz si no estaban muy concentrados.
Justo cuando Fogg se había deslizado a la pagoda para fingir ser el marido muerto de la mujer y llevársela en brazos haciendo creer que había resucitado, el papá de Alisa gritó desde la cocina: “¡A cenar!”.
Alisa no se lo podía creer. Los actores, interrumpidos una vez más en el fervor de sus interpretaciones, menos todavía.
– No os mováis. Vuelvo en un rato.
Y allí aguardaron los actores, una vez más, a la espera de que volviera la pequeña lectora y diera sentido a toda aquella historia.

* Microrrelato presentado al concurso de Perro con monóculo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s