Adiós, Sergio


El andén estaba inusualmente abarrotado aquel mediodía. La pareja, pelirrojo él, morena ella, esperaban al metro que les llevaría a la casa de los padres de ella, donde formalizarían, de una vez por todas, su relación.
Cuando el tren entró en la estación, la muchedumbre se agolpó a las puertas y la gente que salía se mezclaba a empujones con la que quería entrar. Ella, que tenía la habilidad de colarse entre las multitudes, cogió la mano de su novio y lo arrastró hasta dentro del vagón.
Las puertas se cerraron.
Tiró de la mano de su novio como si hubiera pescado un barbo de los gordos. No sin cierta brutalidad, logró traer hacia sí el resto del cuerpo para darse cuenta de que aquella mano que había agarrado con tanta fuerza no era la de su novio, sino la de otro chico.
– ¡Tú no eres Sergio!
– Yo soy quien tú quieras que sea -le respondió babeante el otro.
Ella se puso de puntillas para tratar de localizar a su novio por encima de las cabezas de los pasajeros. Y lo vio. Completamente paralizado en el andén, con la mirada perdida.
El tren echó a andar haciendo la figura de su novio cada vez más pequeña hasta quedar engullido por la oscuridad del túnel.

Ilustración Literatura Breve relato "Adiós, Sergio"


*Este relato está incluido en el ebook Cuentos para leer a remojo que puedes descargarte gratis.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s