El flequillo de Ana Blanco


Aun recuerdo cómo empezó todo. No fue algo repentino. Fue gradual. Poco a poco. Como todo

el mundo la veía día tras día, nadie lo apreció. Pero un tweet hizo saltar la alarma, advirtió del

hecho y las redes sociales se incendiaron. Ana Blanco, la popular presentadora de informativos 

de la cadena pública, se había quitado el flequillo. Los recortes, decían. Mantener un flequillo así

de impoluto era muy costoso. Flequillo fuera. Durante días, semanas, no se habló de otra cosa. 

Los informativos de otras cadenas se hicieron eco de la noticia, a regañadientes. Me llegó un Actuable para pedir que la presentadora se volviera a cortar el flequillo. Los partidos políticos de la oposición denunciaron el recorte de derechos de la presentadora. El Gobierno acusó al partido antes gobernante de que habían dejado las arcas vacías con tanto gasto en peluquería.

Blanco no dijo esta boca es mía. Por eso sorprendió todavía más que antes de dar paso a los titulares, en el momento de máxima audiencia del programa, sacó una maquinilla eléctrica y se rapó la cabeza. Los pelos cayeron sobre sus papeles. Sopló para que volaran y a continuación dijo: “Titulares”.

Al día siguiente estalló la guerra.


*Este relato está incluido en el ebook Cuentos para leer a remojo que puedes descargarte gratis.
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