Cumpleaños raro


Algo extraño ocurría siempre el día de su cumpleaños.

La primera vez que se dio cuenta fue cuando se encontró una tortuga de dos cabezas camino del colegio. ¿Una tortuga por aquellos lares? Rarísimo.

Estaba aquel día en que descubrió que sus cacas eran invisibles. Él hacía el esfuerzo, oía el ruido de la caca al caer al agua y sentía las gotas salpicándole el culo, pero cuando iba a tirar de la cadena ahí no había nada.

O aquella vez en que, después de una enorme pero breve tormenta de verano, el arco iris salió del revés, como una gran sonrisa de colores en el cielo. Como hacía pocos días que había fallecido su abuelo, pensó que era su manera de felicitarle.

Pero este año, en su trigésimo tercer cumpleaños, no ha ocurrido nada extraño. Ha preguntado, hablado con la gente de su alrededor, ha ampliado el círculo y ha visitado a los pueblos colindantes… nada. Ha buscado sin éxito por Internet en los medios regionales, nacionales e internacionales. Ha sido un día de lo más anodino.

Lo cual, dados los antecedentes, no deja de ser extraño…

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