Un nuevo superhéroe


El policía estaba bastante nervioso pero logró disimularlo con templanza y un poco de rollo zen que había leído en su libro de cabecera a primera hora de la mañana. “Confía en ti, confía en tu idea”, repetía mentalmente. Delante de él tenía a unos 30 chavales de diez años a los que les tenía que dar unos apuntes básicos sobre seguridad vial. Su superior le había dicho que no se complicara, que era su primera vez y que fuera a lo seguro, al ABC del manual que impartían desde hacía diez años. El policía se había acostado visualizando cómo sería la clase, previendo preguntas y adelantándose a posibles fallos para poder solventarlos con rapidez (alumnos impertinentes, el proyector que no funciona, etc.). Había soñado con la clase pero en mitad de la noche se despertó con una idea genial que ya no le dejó dormir.

“Si a los chicos les gustan los superhéroes, aquí tendrán uno”. De madrugada, sacó papel y lápiz para trazar el dibujo de su nuevo superhéroe: Nail. Sonreía con ilusión. “A los chicos les encantará”.

Cuando su mujer se despertó y vio que su marido no estaba a su lado de la cama, fue hasta la cocina y allí lo encontró, sacando la lengua cuando repasaba con el boli los trazos y soplando las migas que dejaba la goma de borrar sobre el papel. Negó con la cabeza y volvió a la cama.

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Cuando la profesora le dio paso finalmente, el policía no podía parar de sonreír.

Chicos, este es Nail, el superhéroe del tráfico.

Los chavales arquearon las cejas. Desde luego, no se lo esperaban. El policía ganó más confianza, le dejó el folio con el dibujo a la alumna más cercana para que lo fuera pasando de mesa en mesa y continuó hablando de Nail.

Nail es su nombre porque cuando algún conductor se salta un semáforo o un paso de peatones o no cede el paso a los demás conductores, escupe un clavo que, con su certera puntería, impacta en las ruedas de los vehículos y las pincha inutilizándolo para su uso y sin provocar heridos.

El gesto de los alumnos se torció súbitamente. ¿Nada de puñetazos, ni enemigos superpoderosos, ni explosiones?

Nail, como “clavo” en inglés… siguió explicando.

Los chicos apenas disimularon su decepción y comenzaron a bromear entre ellos. El policía miró a la profesora en busca de ayuda, pero lo único que obtuvo fue una mirada misericordiosa, como si él fuera un perrito abandonado.

Cuando castiga a los malos conductores dice: ¡Ajá, lo he clavado!

El policía no paraba de hablar y sentía que con cada palabra, se hundía un poco más en su miseria. Los alumnos ya no le prestaban atención, pasaban de su dibujo cuando el folio iba de mesa en mesa y el agente se sentía derrotado.

Lo peor de todo es que, a diferencia de cómo había planteado la clase impartiéndola según el manual tradicional, no tenía un plan B. Cuando pensaba que no podía estar más hundido, un alumno levantó la mano.

¿Sí?

¿Qué pasa si el que no cumple las reglas es un peatón?

Sus compañeros le tiraron papelitos y le abuchearon. Los ojos del policía se abrieron como platos. ¡Vaya con la pregunta! Sin embargo, se agarró a ella como a un clavo ardiendo.

Entonces, Nail le escupe un clavo en el culo.

Toda la clase se sorprendió con la respuesta y comenzaron a reírse.

Seguro que eso le inutiliza durante una semana y se le olvidan las ganas de cruzar en rojo.

Ahora, los chicos se daban codazos para ver el dibujo.

Y si un conductor no hace correctamente una rotonda continuó emocionado el policía—, Nail arranca el asfalto para hacer un círculo cerrado en el que se queda atrapado el mal conductor, dando vueltas sin parar.

Los alumnos sonrieron con simpatía mientras que su entusiasmo y atención volvió a disminuir.

Y… iba a continuar con otra idea cuando la profesora le interrumpió.

No tiente a su suerte  le dijo agarrándolo del brazo.

El policía comprendió y reculó.

Sé que Nail es muy guay y que lo tendréis en mente cuando vayáis por la calle. Ahora volvamos al manual.

Puede que esta batalla la haya perdido, o al menos, no la haya ganado tan clamorosamente, pero seguiría trabajando en su nuevo superhéroe porque confiaba en él y confiaba en su idea.


*Este relato está incluido en el ebook Cuentos para leer a remojo que puedes descargarte gratis.
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