Desde el charco


Le encantaban los días de lluvia. Era la única ocasión en la que podía echar un vistazo al mundo. Miraba hacia arriba y allí estaban: tacones que se atascaban en el barro, faldas que dejaban ver la ropa interior, zapatos italianos manchados de arcilla, patitas de perro mojadas, ruedas de automóvil que dejaban su impronta por donde pasaban. A veces le sacaba de su ensimismamiento algún niño saltando sobre el charco. ¿Cómo era que no caían adentro como le sucedió a él? Quizá él no era un niño. Quizá sólo fuera una rana.

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