La historia del pulpo en el techo


La historia del pulpo en el techo empieza cuando llego a casa y veo que hay un pulpo pegado en el artesonado de mi salón.

El pobre me mira con ojos suplicantes. Entiendo que quiere bajar de ahí y le ayudo.

Me subo a una silla y le tiendo las manos. El pulpo rodea con un par de tentáculos mis brazos, pero no se fía del todo y no suelta los otros seis del techo.

Así estamos unos minutos hasta que le pego un grito. El pulpo se asusta y se suelta. Me da tiempo a cogerlo, pero no puedo evitar tambalearme en la silla.

Logro mantener el equilibrio poniéndome a la pata coja y balanceando mi cuerpo y el del octópodo para no caer.

Al final logro estabilizarnos y bajo con cuidado hasta el suelo. Al pulpo le palpitan aceleradamente sus tres corazones.

Le he dejado en un barreño viendo la tele. Ahora mismo está zapeando y me temo que, al no poder comunicarse conmigo, no me pueda contar cómo llegó hasta el techo de mi salón.

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4 thoughts on “La historia del pulpo en el techo

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