La muerte más probable


La navaja que Guillermo tenía clavada en el pecho tenía unos diminutos brillantes en el puñal que destellaban con el sol del alba. Era la última imagen que el hombre vio y le pareció hermosa.

La penúltima imagen de la que fue testigo, era la de su asesino corriendo lejos de la escena del crimen. Le conocía. Es más, ahora, tumbado en el césped del parque, con la sangre escurriéndose por todo su torso y un dolor que iba a menos, podía decir que no le extrañaba la puñalada, que incluso, la veía venir.

La policía optó por cerrar el caso con la hipótesis más sencilla: “lucha de poder entre mendigos”.

La historia del asesinato de Guillermo era mucho más compleja, pero nadie se interesó por saberla.

Guillermo fue incinerado y su rastro e historia se perdieron para siempre.

 

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