El amor haciendo


Me costó encontrarme a gusto en aquel desorden. Ella lo llamaba desorden organizado, pero no colaba. Aquello era una leonera.

Y ella era la leona.

Su alborotado pelirrojo pelo, el tostado de su piel y afilados los dientes.

Me dejé cazar.

Por los aires lanzamos la ropa y cayó donde quiso cada una, y ese su sitio era.

Espasmódicas patadas recibía la almohada y de la cascada del colchón las melenas colgaban.

A comprender comencé ese desorden. De esa chica, (¡oh, sí!) a enamorarme.

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