Un donativo, por favor


Le veo venir desde lejos. Pues si piensa que me va a suponer un problema pasar de ella por ser monja lo lleva crudo. Ni donativo ni limosna. Me da igual la causa. No pienso darles nada. Suficiente tormento me dieron de pequeño.

Disculpe, caballero me dice.
Tengo prisa, lo siento le respondo.
Será sólo un momento insiste. Lo que tarde en sacar las monedas que tenga en su bolsillo y meterlas en esta hucha.

Dice esto último agitando el bote y haciendo sonar la calderilla de su interior. Me recuerda a Machín.

No tengo suelto.

Llevamos como unos 20 metros caminando a la par.

No se preocupe. Aceptamos tarjeta -me dice sonriente.

Ahí me paro. ¿Tarjeta? ¿EN SERIO?
Levanto una ceja y le respondo: Está bien. Haré un donativo.
Volvemos a la mesa y me pregunta cuánto quiero donar.

666 euros respondo.

La monja levanta la cabeza y me mira con odio. Dulcifica un poco su gesto y me dice: Aceptaríamos igualmente 20 o 10 euros… Incluso 5.

Quiero donar 666 euros le repito desafiante.

La monja vuelve a mirarme con odio. Parece que lleva al diablo dentro. Me devuelve la tarjeta con desprecio sin haberla pasado por el datáfono.

Que tenga un buen día, caballero.
Igualmente, hermana sonrío y me largo victorioso.

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