El meta-microrrelato


El martes tenía que publicar un nuevo microrrelato y no tenía ni idea de qué. Maldito calendario editorial. Publicar los días 7, 14, 21 y 28. ¿A quién se le ha ocurrido? Ni siquiera tenía ninguno “en la nevera” que poder editar y sacar.

Nada. Niente. Nichts. Cero.

Rien de rien que cantaba Edith Piaf.

Tenía que levantarme y escribir, pero se estaba tan a gustito en la cama. ¿Qué hora sería?

Oí las campanas de la iglesia a lo lejos y a la novena se me ocurrió la idea para el próximo microrrelato.

Ahora sí tenía que levantarme y escribir antes de que se me olvidara porque cometí el gran error del escritor: no tener una libreta en la mesilla y tener el móvil lejos del alcance de la mano. Malditos fines de semana de desconexión.

Me concentré en escuchar los sonidos de casa y de la calle desde la cama y comencé a construir la historia en la cabeza y tratar de retenerla hasta que mi vejiga me obligara a levantarme.

Cuando lo hice, me crucé con mi padre. Tosía por el pasillo de casa y apenas pudo darme los buenos días. Daba igual. No le contesté porque estaba inmersa en la historia, concentrada en no perder el hilo de las palabras y apremiando a mi móvil para que se encendiera y me ofreciera un rendimiento rápido y veloz como el primer día para abrir la aplicación de WordPress.

Imposible. A mi móvil, como a mi, le cuesta arrancar por las mañanas.

-Vamos, vamos, vamos… -le apremié.

-Aun vale, hija mía, no acabas de levantarte y ya estás enganchada al móvil -dijo mi madre, sin comprender lo crucial de la situación.

La ignoré no porque me molestara el comentario sino porque seguía escribiendo la historia en mi cabeza. Abrí la aplicación y comencé a escribir. Texto, etiquetas, categoría y a programar la publicación.

-¿Un momento? ¿La he programado o se ha publicado ya?

Refresqué y WordPress me dijo que no, que todo estaba en orden: Programada para el próximo 14.

Respiré aliviada.

Esta vez había salvado los muebles, pero sabía que tenía que dejar de esperar que la historia me surgiera como por arte de magia antes de la fecha de publicación.

“Para el próximo mes, me preparo unos cuantos por adelantado y ya está”, me prometí al tiempo que cruzaba los dedos. También, mentalmente.

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