Febrero


Los pectorales, bíceps y abdominales de aquel bombero lucían brillantes por la luz del foco. Regaba con la manguera hacia adelante, mientras a su espalda, un fuego dotaba de mayor fuerza a la escena.

El mes de febrero se había quedado congelado en el tiempo en un calendario de 2012 colgado con una escarpia en la pared del garaje. Las esquinas y bordes del papel se doblaban y ajaban resultado del paso del tiempo. 50 años no pasan en balde, y menos para un bombero profesional con décadas de servicio.

La niña lo miraba sin ocultar su gesto de sorpresa.
-Entonces… ¿ese eres tú, abuelo?
-Así es, pequeña.
Ella no se lo podía creer. A sus cuatro años, pensaba que su abuelo le estaba vacilando. Comprendía que era fácil de engañar y por eso solía mostrarse desconfiada con los mayores.
El abuelo le explicó:
-Era algo habitual en la época. Para recaudar fondos para una causa. Como a la gente le gustaba ver cuerpos bonitos, los bomberos solíamos tener bastante éxito.
-¿Y por qué tienes tetas?
La carcajada del ex bombero resonó en el garaje y la niña se asustó un poco.
-Era lo que se llevaba, marcar mucho músculo.
-Puag -contestó la nieta.
-Sí, nada que ver con lo de ahora, desde luego.

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