La Inteligencia Artificial, al punto limpio


Llevaban al robot en volandas. Le habían tapado la cara con un pañuelo. Recordó que hizo lo mismo cuando su madre le obligó a hacer limpieza de juguetes. Se había encariñado de todos ellos. Al fin y al cabo, le habían acompañado durante su infancia. Y parecían tan reales que pensó que eran sus amigos.

“¿Será por eso por lo que ahora hacen a las  inteligencias artificiales tan humanas? ¿Para que veamos a una persona donde no hay más que circuitos y algoritmos?”, se preguntó.

Muchos pensaron que su robot no estaba infectado, que era especial, que había logrado desarrollar su propio algoritmo que le librara del virus. Estaban engañados. Sus robots les habían engañado. Todos ellos murieron asesinados por sus asistentes inteligentes.

Cuando llegó su turno, miraron hacia abajo. A sus pies, una pila de robots casi humanos, inertes, con los miembros retorcidos.

-A la de tres -dijo.

Y a la de tres, lanzaron a su robot a la pila de cadáveres.

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