Un parto complicado


El barbero tuvo que dejar el afeitado a medias para asistir a aquel parto. Algunas vecinas acudieron a la barbería para darle el aviso de que el parto de Adelina se había complicado: el cordón umbilical ahogaba al crío.

Llegó sudoroso por la carrera y, una vez en casa de Adelina, la exudación fue en aumento.

La matrona se afanaba en sacar al bebé mientras el barbero aguardaba con su navaja. Los gritos de Adelina se oían en todo el pueblo. Su marido, observaba temeroso la escena desde una esquina, sin atreverse a decir palabra.

Cuando la matrona le dijo, el barbero cortó el cordón. La cara del recién nacido estaba morada y no respiraba. La matrona lo agarró de los tobillos y lo puso boca abajo. El silencio de la habitación sólo era interrumpido por los sollozos de Adelina y los azotes de la matrona al bebé. Le dio un par de sacudidas. Pasaron unos cinco segundos interminables hasta que el bebé rompió a llorar.

Hubo un suspiro coordinado.

El marido se acercó al barbero que se estaba quitando la mezcla de sangre y sudor de las manos y la cara.
-¿Podría usted afeitarme? Es que ahora voy a tener visitas -explicó a la vista del gesto de sorpresa del barbero.

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