El nuevo oro


Metro de Madrid. Lunes. 8 de la mañana.

Una chica logra entrar al vagón atestado de gente. Es rubia y lleva una espléndida cola de caballo perfectamente lisa.

Las idas y venidas de la gente la empujan hacia el fondo del vagón, entre un señor barrigón y un joven que se muestra incomodado.

-Disculpa -le dice la chica.

El joven le sonríe de refilón, pero no le quita ojo de encima.

Cuando la rubia llega a su parada, el joven actúa. Es un movimiento tan rápido que nadie se ha percatado de ello. Es decir, puede que alguien hubiera visto un movimiento extraño en el joven, pero no habría podido captar exactamente qué hacía.

La chica sale del tren y enseguida nota que algo le falta. Una corriente de aire frío le recorre la nuca. La joven se lleva la mano al cuello y descubre con horror que alguien le ha cortado la coleta y su melena está ahora recogida en una minúscula coleta que hasta parece haber perdido su brillo.

Se gira de manera instintiva y entre la gente ve al joven dentro del vagón que le sonríe y le muestra triunfante su trofeo: un mechón de pelo rubio perfecto para la venta.

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