Tarde de compras


El hombre iba de culo detrás de su mujer, cargando con algunas bolsas de compra y arrepintiéndose de haberle dicho que sí a su esposa cuando esta le pregunto si le acompañaba a ir de compras.

Resultado: un cabreo monumental de ella por no mostrarse más implicado durante la tarde.

-Es que parece que te obligo a hacer las cosas. Ya sabes que ir de compras es esto: andar, mirar, volver a mirar… -le decía su mujer.

-Pero es que llevamos cuatro horas y creo que ya hemos comprado suficiente -le respondía él señalándole el reloj.

La mujer vio la muñeca del hombre y le dijo:

-Esa correa está roñosa. Deberíamos comprarte otro reloj.

-Vale. Tú entras a esa tienda y yo miro relojes en esta otra.

La mujer asintió y cuando entró en la tienda, el hombre incumplió su parte del trato y se sentó en un banco a descansar las piernas.

Estuvo atento cuando salió su mujer de la tienda para hacerse el encontradizo. Iba a decirle que no había encontrado ningún reloj que le convenciera pero la esposa pasó de él. Sin apenas mirarle, aceleró el paso y dejó a su marido a su espalda.

Este le seguía intentando alcanzarla. Se había enfadado de verdad.

Cuando finalmente le alcanzó, le tocó el hombro y le dijo:

-¿Pero es que ya no me vas a hablar en toda la tarde?

La señora se giró y el marido comprobó que aquella no era su mujer.

-Disculpe usted. Pensaba que era otra persona -le dijo a la señora-. Ahora sí que se va a cabrear mi mujer…

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