El stalker


Jaime estaba en su coche haciendo tiempo antes de entrar a trabajar. Formaba parte de su rutina diaria: llegar, aparcar y sacar el móvil para espiar el Twitter de su ex novia.

-Así que te has ido a la playa.

Se decía mientras hacia scroll por el timeline de la chica.

-¿Y quién es ese?

El pulgar se deslizaba ágil por la pantalla.

-Has engordado un poquito, eh.

Un rayo de sol se coló entre las nubes, entró por la ventanilla de atrás de su coche y rebotó en el espejo retrovisor. El polvillo del coche que se le había metió en la nariz se despertó con ese rayo de sol y comenzó a hacerle cosquillas en el interior. Echó la cabeza hacia atrás arrugando la nariz. No podía abrir los ojos y la nariz le picaba cada vez más.

Finalmente. estornudó, y lo hizo con tanta fuerza que se escuchó dos calles más abajo. Se sorbió la baba que se le había escapado y se sintió aliviado. Cuando volvió a stalkear el Twitter de su ex desubrió que, con el impulso del estornudo, su pulgar había presionado la pantalla justo en el botón de Follow.

-¡Mierda!

 

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